miércoles, 30 de enero de 2013

No me gusta que entre a mi pieza porque me desagradan profundamente las pelusas o pelos en mi ropa, una de mis tantas molestas manías. Me mira para que lo deje entrar porque estaba lloviendo. Quédate un rato para tomarte una foto, a tu mirada de gato indiferente, que no me necesita, porque si no le abro la ventana yo se la abrirá otro y no le abre nadie, tampoco le importa. Se va.

sábado, 12 de enero de 2013

Golondrinas

Terminaste siendo tú la golondrina y me quedé sin nadie sintiendo ese miedo.
Hoy y siempre te recuerdo con el alma un poco más acongojada que el día anterior. Dicen que se aprende a vivir (bien) así.


Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan,
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta...
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La pondrían en un trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla...
Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!

Gabriela Mistral

miércoles, 9 de enero de 2013


Cuando tenía unos 8 años le pedí a mi papá una casa en el árbol. Hice planos, maquetas. Hicimos con mi primo una lista con lo que iba haber adentro. Incluso, una vez intentamos hacer la escalera para avanzar en la construcción. Soñaba con que nos dejarían dormir ahí y en las noches podríamos ver al zorro que tanto temíamos, pero que jamás habíamos logrado ver.
La casa llegó tarde, ya había comenzado a ponerme los audífonos para abandonar el mundo por un rato, pero llegó. Hoy se me llena el pecho de emoción cuando veo a los hijos de mis primas jugar en ella, con los que alguna vez fueron mis juguetes. Ver su alegría me transporta a su edad y reviven un poco mis antiguos anhelos.

domingo, 30 de diciembre de 2012

sábado, 29 de diciembre de 2012

Hastío


WALKING AROUND

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de orígen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimiento ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y de mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas
húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la
ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles
intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y
espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y
ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

Pablo Neruda.



SIESTA - PEZ



Nada le pido a la vida,
nada más que una siesta a la sombra.
A la sombra de todos los hombres,
a la sombra de todas sus cosas.
No vendría mal un alma,
entre tanta carne roja.
Escapando del odio y la furia,
refugiándome en vos, mi última droga.
Siesta lávame,
toda esta humanidad en mí,
Que se vaya, que se vaya.
Siesta lávame.

viernes, 28 de diciembre de 2012


Corre un viento helado en ese muelle en el invierno, cuando tomé esa foto.
Es en un pueblo pequeño y solitario. Punucapa es un poco melancólico en invierno.


jueves, 27 de diciembre de 2012

Los Cómplices


Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.

Gonzalo Rojas