miércoles, 9 de enero de 2013
Cuando tenía unos 8 años le pedí a mi papá una casa en el árbol. Hice planos, maquetas. Hicimos con mi primo una lista con lo que iba haber adentro. Incluso, una vez intentamos hacer la escalera para avanzar en la construcción. Soñaba con que nos dejarían dormir ahí y en las noches podríamos ver al zorro que tanto temíamos, pero que jamás habíamos logrado ver.
La casa llegó tarde, ya había comenzado a ponerme los audífonos para abandonar el mundo por un rato, pero llegó. Hoy se me llena el pecho de emoción cuando veo a los hijos de mis primas jugar en ella, con los que alguna vez fueron mis juguetes. Ver su alegría me transporta a su edad y reviven un poco mis antiguos anhelos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario