martes, 1 de octubre de 2013

"Debemos renunciar a conocer a aquellos a quienes algo esencial nos une; quiero decir debemos aceptarlos en la relación con lo desconocido en que nos aceptan, a nosotros también, en nuestro alejamiento. La amistad, esa relación sin dependencia, sin episodio y donde, no obstante, cabe toda la sencillez de la vida, pasa por el reconocimiento de la extrañeza común que no nos permite hablar de nuestros amigos, sino sólo hablarles, no hacer de ellos un tema de conversación (o de artículos), sino el movimiento del acuerdo del que, hablándonos, reservan, incluso en la mayor familiaridad, la distancia infinita, esa separación fundamental a partir de la cual lo que separa se convierte en relación. Aquí, la discreción no consiste en la sencilla negativa a tener en cuenta confidencias (que burdo sería, soñar siquiera con ello), sino que es el intervalo, el puro intervalo que, de mi a ese otro que es un amigo, mide todo lo que hay entre nosotros, la interrupción de ser que no me autoriza nunca a disponer de él, ni de mi saber sobre él (aunque fuera para alabarle) y que, lejos de impedir toda comunicación, nos relaciona mutuamente en la diferencia y a veces el silencio de la palabra."

Maurice Blanchot pensando en su amigo

sábado, 31 de agosto de 2013


"...una tarde, cruzando el Luxemburgo, vio una flor. Estaba al borde de un cantero, una flor amarilla cualquiera. Me había detenido a encender un cigarrillo y me distraje mirándola. Fue un poco como si también la flor me mirara, esos contactos, a veces... Usted sabe, cualquiera los siente, eso que llaman la belleza. Justamente eso, la flor era bella, era una lindísima flor. Y yo estaba condenado, yo me iba a morir un día para siempre. La flor era hermosa, siempre habría flores para los hombres futuros. De golpe comprendí la nada, eso que había creído la paz, el término de la cadena. Yo me iba a morir y Luc ya estaba muerto, no habría nunca más una flor para alguien como nosotros, no habría nada, no habría absolutamente nada, y la nada era eso, que no hubiera nunca más una flor. El fósforo encendido me abrasó los dedos."


Una flor amarilla de Julio Cortazar

miércoles, 12 de junio de 2013

"La gente del ambiente en que Vronsky se movía suele dividir a las personas en dos clases: la primera está compuesta por necios, imbéciles y ridículos, que imaginan que los esposos deben ser fieles a sus esposas, las jóvenes puras, las casadas honorables, los hombres decididos, firmes y dueños de sí. Estos estúpidos opinan que hay que educar a los hijos, ganarse la vida, pagar las deudas y cometer otras tonterías por el estilo. La segunda clase, a la que los tipos del mundo de Vronsky se envanecen de pertenecer, sólo da valor a la elegancia, la generosidad, la audacia y el buen humor, entregándose sin recato a sus pasiones y burlándose de todo lo demás."

León Tolstoi en Ana Karenina

sábado, 6 de abril de 2013

En la playa volveríamos a vernos


Con el ocaso detenido 
el mar es menos que un rumor, 
y da paso a cada sonido, 
a cada cambio de color. 
Me tiré solo hasta las dunas 
con la primera oscuridad 
a verla andar sobre la espuma, 
toda mentira y de verdad.

miércoles, 3 de abril de 2013

"...No bastan —pensaba— los huesos y la carne para construir un rostro, y es por eso que es infinitamente menos físico que el cuerpo: está calificado por la mirada, por el rictus de la boca, por las arrugas, por todo ese conjunto de sutiles atributos con que el alma se revela a través de la carne. Razón por la cual, en el instante mismo en que alguien muere, su cuerpo se transforma bruscamente en algo distinto, tan distinto como para que podamos decir "no parece la misma persona", no obstante tener los mismos huesos y la misma materia que un segundo antes, un segundo antes de ese misterioso momento en que el alma se retira del cuerpo y en que éste queda tan muerto como queda una casa cuando se retiran para siempre los seres que la habitan y, sobre todo, que sufrieron y se amaron en ella. Pues no son las paredes, ni el techo, ni el piso lo que individualiza la casa sino esos seres que la viven con sus conversaciones, sus risas, con sus amores y odios; seres que impregnan la casa de algo inmaterial pero profundo, de algo tan poco material como es la sonrisa en un rostro, aunque sea mediante objetos físicos como alfombras, libros o colores. Pues los cuadros que vemos sobre las paredes, los colores con que han sido pintadas las puertas y ventanas, el diseño de las alfombras, las flores que encontramos en los cuartos, los discos y libros, aunque objetos materiales (como también pertenecen a la carne los labios y las cejas), son, sin embargo, manifestaciones del alma; ya que el alma no puede manifestarse a nuestros ojos materiales sino por medio de la materia, y eso es una precariedad del alma pero también una curiosa sutileza."


Sobre héroes y tumbas - Ernesto Sábato

La belleza en lo sencillo


La amistad es amor en serenos estados.
Los amigos se hablan cuando están más callados
si el silencio interrumpe, el amigo responde
mi propio pensamiento que también él esconde.

Si él comienza prosigo el curso de su idea;
ninguno de nosotros la formula ni crea.
sentimos que hay un algo superior que nos guía
y logra la unidad de nuestra compañía...

Y nos vemos llevados a pensar con hondura,
y a lograr certidumbre en la vida insegura;
y sabemos que encima de nuestras apariencias,

se adivina un saber más allá de las ciencias.
Y por eso yo busco el tener a mi lado
el amigo que entienda cuanto digo callado.

Pedro Prado

miércoles, 27 de marzo de 2013

Viviendo adrede

Alegría

Uno tiene derecho a la alegría. A veces es humo o es niebla o es celaje. Pero detrás de esas demoras ella está, esperando. Siempre hay una hendija del alma por donde la alegría asoma sus despabiladas pupilas. Entonces el corazón se vuelve más vivaz, se extrae de su quietud y es casi pájaro.
La alegría sobreviene después de las ausencias, al fin de las nostalgias. Si uno se reencuentra con lo amado y su revelación unánime, es lógico que el gozo nos abrace y a uno le vienen ganas de cantar. Aunque no tenga voz, aunque esté ronco de pasadas angustias.
Después de todo la alegría es un préstamo, no nos pertenece. Es una locurita, un premio pasajero, pero la disfrutamos como si fuese propia, como un lucro, como una primavera de la vida. Ella se aferra al tiempo, arrastra un poquito de la infancia y se mete soplando en la vejez.
Semana tras semana, año tras año, la alegría va llenando vacíos. Hasta que no puede más y se vuelve tristeza.

Mario, otra vez

martes, 26 de marzo de 2013


Y en qué ternura están
aquellos ignorados que se duermen
Y tanto como para no ver
al menos sin ser vista: una reina.

viernes, 22 de marzo de 2013

Miedo

No se juega con el miedo porque el miedo puede ser un arma de defensa propia, una forma inocente o culpable del coraje. El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños y nos mete en el riesgo desaprensivamente. Andamos por el mundo con el miedo a cuestas como si fuera un pudor obligatorio o en su defecto una variable del fracaso. Tal vez sea el mandamiento, o tal vez el mandamiento de alguna desconocida ley, de un dios cualquiera. Por las dudas, una buena fórmula contra el miedo puede ser la que dejó escrita el bueno de Pessoa: "espera lo mejor y prepárate para lo peor".

Mario Benedetti

domingo, 17 de marzo de 2013

Un paréntesis en el tiempo

"Pensando en eso esta noche, con el corazón y el estómago hechos papilla, me digo que a fin de cuentas quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también muchos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás."

Muriel Barbery

jueves, 14 de marzo de 2013

Como a los niños


La Princesa y El Enano de Oscar Wilde relatado por Chema, personaje de la película Tesis del director Alejandro Amenabar.

martes, 12 de marzo de 2013

En el cielo, en el suelo.



Todos los días, todos los segundos
infinitamente, la alegría de vivir,
el sentido que da la vida vivir contigo.
En el cielo, en el suelo, en cada una de tus cosas...

domingo, 10 de febrero de 2013


Me gustan esas casas antiguas perdidas en los campo porque me recuerdan a mi niñez, época en la que alcancé a vivir un poco de "como era antes", antes de que el "progreso" arrasara con todo. Mientras más apartado se esté del urbe, más estancado está el tiempo. Tal vez no son mis recuerdos sino los recuerdos que mi mamá logró transmitirme. Me recuerda a ella, a sus abuelos, a su infancia y a la mía.

miércoles, 30 de enero de 2013

No me gusta que entre a mi pieza porque me desagradan profundamente las pelusas o pelos en mi ropa, una de mis tantas molestas manías. Me mira para que lo deje entrar porque estaba lloviendo. Quédate un rato para tomarte una foto, a tu mirada de gato indiferente, que no me necesita, porque si no le abro la ventana yo se la abrirá otro y no le abre nadie, tampoco le importa. Se va.

sábado, 12 de enero de 2013

Golondrinas

Terminaste siendo tú la golondrina y me quedé sin nadie sintiendo ese miedo.
Hoy y siempre te recuerdo con el alma un poco más acongojada que el día anterior. Dicen que se aprende a vivir (bien) así.


Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan,
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta...
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La pondrían en un trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla...
Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!

Gabriela Mistral

miércoles, 9 de enero de 2013


Cuando tenía unos 8 años le pedí a mi papá una casa en el árbol. Hice planos, maquetas. Hicimos con mi primo una lista con lo que iba haber adentro. Incluso, una vez intentamos hacer la escalera para avanzar en la construcción. Soñaba con que nos dejarían dormir ahí y en las noches podríamos ver al zorro que tanto temíamos, pero que jamás habíamos logrado ver.
La casa llegó tarde, ya había comenzado a ponerme los audífonos para abandonar el mundo por un rato, pero llegó. Hoy se me llena el pecho de emoción cuando veo a los hijos de mis primas jugar en ella, con los que alguna vez fueron mis juguetes. Ver su alegría me transporta a su edad y reviven un poco mis antiguos anhelos.